Durante más de cuatro siglos, el correo postal fue una de las infraestructuras logísticas más extensas y sofisticadas del mundo. Mucho antes de la trazabilidad en tiempo real y de los grandes centros de despacho, ya existía una red capaz de llegar a cada hogar y ordenar millones de envíos con altos niveles de precisión y previsibilidad.
Aunque el correo dejó de ocupar el centro de la distribución física, su conocimiento operativo sigue presente en la logística contemporánea. La planificación de rutas, la organización territorial, la clasificación anticipada de envíos y la gestión de grandes volúmenes nacieron en el mundo postal y hoy resultan indispensables para el comercio electrónico.
A partir de los años 2000, la digitalización de las comunicaciones y los cambios en los hábitos de consumo transformaron profundamente el sistema. El descenso del envío de cartas fue acompañado por un crecimiento sostenido de la paquetería, impulsado por las compras online y los nuevos modelos de consumo. Este cambio alteró la escala, la complejidad y las expectativas del servicio logístico.
Los envíos dejaron de ser homogéneos para volverse diversos en tamaño, urgencia y destino. El esquema operativo pasó de manejar plazos amplios a gestionar ventanas de entrega ajustadas, devoluciones y altos niveles de exigencia por parte de los usuarios, especialmente en la última milla, hoy el tramo más crítico y costoso de la cadena.
Un ejemplo de esta tendencia global es la reciente decisión del servicio postal público de Dinamarca de dejar de repartir cartas tras más de cuatro siglos de actividad. Desde el año 2000, el volumen de correspondencia cayó más del 90%, volviendo inviable el esquema tradicional. La correspondencia residual quedará en manos de operadores privados integrados a redes de distribución más amplias.
Lejos de desaparecer, las redes postales se reconvirtieron. Muchas operadoras priorizan actualmente la paquetería, los puntos de retiro, los lockers inteligentes y las entregas flexibles. Esta transformación exige inversiones en automatización, sistemas de información y reorganización territorial, con centros de clasificación que evolucionan hacia verdaderos hubs logísticos.
Pese a los cambios tecnológicos, la logística del e-commerce conserva el ADN del correo. Cada paquete entregado replica una lógica construida durante siglos: planificación previa, cobertura territorial, ordenamiento por zonas y cumplimiento operativo. La diferencia reside en la velocidad, la trazabilidad y la personalización, no en la estructura básica.
El llamado “fin de las cartas” no representa una ruptura, sino una nueva etapa en la evolución logística. El correo ya no marca el ritmo de la distribución física, pero su legado continúa siendo el sostén silencioso de la economía digital y del comercio global.
Fuente: Infobae