Cada año, el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), invita a poner el foco en una emergencia médica en la que el tiempo resulta determinante. Saber identificar sus síntomas, conocer los factores de riesgo y actuar sin demora son aspectos fundamentales para reducir sus consecuencias.
Un ACV ocurre cuando una parte del cerebro deja de recibir sangre adecuadamente o cuando se rompe un vaso sanguíneo y se produce una hemorragia. Aunque puede presentarse a cualquier edad, su frecuencia aumenta con los años.
Para profundizar en la importancia de la prevención y la detección temprana, la Dra. Lorena Ruiz, neuróloga de Clínica San Jorge, explica cuáles son las principales señales de alerta y qué hacer ante una posible emergencia.
¿Qué es un ACV y cuáles son sus principales causas?
Existen dos tipos principales de accidente cerebrovascular. El ACV isquémico, que representa aproximadamente el 85 % de los casos, se produce cuando una arteria se obstruye e impide que la sangre y el oxígeno lleguen a una región del cerebro. El ACV hemorrágico, en cambio, ocurre cuando se rompe un vaso sanguíneo y se produce un sangrado dentro del cerebro o a su alrededor.
Entre los principales factores asociados se encuentran la hipertensión arterial, la aterosclerosis, que provoca el estrechamiento de las arterias, y determinadas enfermedades cardíacas, como la fibrilación auricular, que puede favorecer la formación de coágulos capaces de llegar al cerebro
La prevención comienza antes de que aparezcan los síntomas
Uno de los mensajes centrales de la especialista es que una proporción importante de los ACV podría prevenirse mediante el control de los factores de riesgo y la incorporación de hábitos saludables.
La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo modificable. Cómo puede mantenerse durante años sin provocar síntomas evidentes, es importante controlar periódicamente la presión, incluso cuando una persona se siente bien.
También es fundamental mantener bajo control la diabetes y el colesterol, evitar el tabaquismo, realizar actividad física regularmente, llevar una alimentación saludable con un consumo moderado de sal, evitar el consumo excesivo de alcohol y mantener un peso saludable.
La detección y el tratamiento de las enfermedades cardíacas, así como el cumplimiento de las indicaciones médicas, también forman parte de las medidas de prevención.
Por eso, no es necesario esperar a que aparezca una señal de alarma para empezar a cuidarse. Los controles médicos periódicos y los hábitos saludables son herramientas fundamentales para reducir el riesgo.
¿Cuáles son las señales de alerta de un ACV?
Los síntomas suelen aparecer de manera repentina. Una persona puede encontrarse realizando sus actividades habituales y, de un momento a otro, presentar una alteración neurológica.
Entre las principales señales de alerta se encuentran:
- Asimetría facial: desviación de la boca o dificultad para sonreír de manera simétrica.
- Pérdida de fuerza: dificultad repentina para mover un brazo o una pierna, especialmente de un lado del cuerpo.
- Alteraciones del habla: dificultad para hablar, pronunciar palabras o comprender lo que dicen otras personas.
- Problemas visuales: pérdida repentina de la visión en uno o ambos ojos, o visión doble.
- Alteraciones del equilibrio: dificultad brusca para caminar, pérdida de coordinación o inestabilidad intensa.
- Dolor de cabeza súbito e intenso: especialmente si es inusual y de gran intensidad, puede ser una señal de un ACV hemorrágico.
No es necesario que aparezcan todos los síntomas al mismo tiempo. La presencia repentina de uno solo de ellos es suficiente para sospechar un ACV y buscar atención médica de urgencia.
Además, si los síntomas desaparecen después de unos minutos, no significa que el peligro haya pasado. Puede tratarse de un episodio transitorio que también requiere evaluación médica inmediata.
¿Qué hacer ante la sospecha de un ACV?
Frente a cualquiera de estas señales, la indicación es actuar inmediatamente y llamar al servicio de emergencias para solicitar asistencia y traslado a un centro de salud preparado para evaluar y tratar un ACV. No se debe esperar para comprobar si los síntomas mejoran ni dejar que la persona descanse con la expectativa de que se le pase.
Otro dato importante es registrar la hora exacta en que comenzaron los síntomas o la última vez que se vio a la persona en su estado habitual. Esta información puede resultar decisiva para determinar las opciones de tratamiento.
Actualmente existen tratamientos para determinados pacientes con ACV isquémico, como la trombólisis, que busca disolver el coágulo y restablecer la circulación sanguínea. Su indicación depende de una evaluación médica y de factores como el tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas.
En neurología existe una frase que resume la importancia de actuar sin demora: “El tiempo es cerebro”. Cada minuto puede ser determinante para preservar tejido cerebral y mejorar las posibilidades de recuperación.
Información y prevención para cuidar la salud cerebral
El Día Mundial del ACV es una oportunidad para recordar que la prevención comienza mucho antes de una emergencia y que reconocer los síntomas puede marcar una diferencia decisiva.
Controlar los factores de riesgo, realizar consultas médicas periódicas y saber cómo actuar ante una señal de alerta son medidas que pueden ayudar a reducir las consecuencias de esta afección.
Ante una sospecha de ACV, la recomendación es clara: no esperar, no minimizar los síntomas y buscar atención médica de urgencia.
Desde Clínica San Jorge, el trabajo de los profesionales de la salud también está orientado a promover la prevención, brindar información confiable y acompañar a la comunidad en el cuidado de su salud. Informarse, prevenir y actuar a tiempo puede marcar la diferencia.